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Ancianato de Ángeles

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      Existió en La Grita una   dama, de singulares rasgos femeniles y tierna bondad,   que tenía   casa grande y un solar de gallinas ponedoras. Los vecinos dieron en llamarla la niña, pues era bella, como Santa Lucía, y virtuosa como la Virgen de los Ángeles. No fue que se quedara para ¨vestir santos¨; es que no hubo varón que lograra seducirla. Era una fortaleza inexpugnable a los satanes de   la carne. Amaba en la forma   como aman las vírgenes. Por eso la llamaban ¨la niña¨.      Gobierna Castro; luego Gómez. Se habla del poder de esos generales y de las derrotas infringidas a otros generales.   Hay cornetas,   hay tambores, hay proclamas. También,   enfermedades y miseria. Las   bayonetas y los chopos no   han sido   capaces de vencerlas.   Contra la lepra, la tuberculosis, el paludismo y otras plagas perniciosas,   se estrellan los matones de oficio. Se estrellan c...

Tocar de Oído

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Cuando José ¨chocorita¨ y el ¨cotudo¨ Fermín tocaban en la plaza, hasta los ángeles bailaban. ¨ La Mano Negra ¨ era una orquesta multisápida. La integraban los dos precitados ejecutantes, el tuerto José Dolores y don Manuel ¨pajarito¨. Los llevaban a tocar a varias plazas; a varios  bautizos y portes de compadres. A  casa del Alcalde y del Gobernador.  Al propio cementerio los llevaban a tocar los días de las ánimas. Donde los buscaban allá iban. ¡Qué palos de músicos eran! Y eso que tocaban de oído. De notas, armonía, solfeo, composición, fusas, semifusas, corcheas y semicorcheas, ni una papa. Por eso no pudieron presentarse en el Teatro Municipal de Caracas. Don Domingo Moret nos explicaba que para presentarse en la capital había que comer mucha yuca. Él, por lo menos, nunca quiso ir. Podía compararse con Carreño y  el maestro Pedro Elías, pero nunca quiso ir.  Era prudente. Era sabio. Por su parte, el viejo Secundino, el fotógrafo, no se cansaba de h...

Mi Amigo Aaron

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Cuando Aarón Toledano se presentó en La Grita en su condición de médico rural, tenía el pelo negro, la mandíbula prognática y los dientes grandes y afilados. El verlo daba miedo. ¨¡Cuidado con el lobo!¨, le decían las señoras a las hijas. Además era turco, de esos que venían con las maletas repletas de quincalla, polvos olorosos y sedas importadas del Asia. Con los días,   la gente cambió de parecer. Aarón resultó ser un perro manso, amistoso, por no decir,   meloso. Se había transformado en un gritense, y como tal se le consideró a lo largo de su dilatada existencia.    ¿Que cómo lo conocí?, me preguntarán algunos, y   debo contestarles que fue en   diciembre, del año cincuenta y uno, durante las vacaciones que pasé   en mi bella ciudad.   Como era natural, aunque de medicina sólo conocía el nombre, la di por visitar el Hospital San Antonio, enfundado en pretenciosa bata de galeno. En verdad, lo hacía…por figurar. Allí topé con Aarón, ...

Los Dinosaurios de Don Germán Carias

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Dinosaurios en La Grita. Animales prehistóricos a pocos metros de la ciudad. Nos lo cuenta don Germán, periodista atildado, de limpia prosa y exacta dimensión. Lo sabe desde hace tiempo. Hace más de veinte años que lo sabe. Habíamos oído de la ¨Viga de Oro¨. De la calentura que agarró el   obispo Ramos de Lora, por los bailes vulgares y los actos impuros que vecinos descarados celebraban   frente a la ¨Capilla de la Santa Cruz del Llano¨. De la vez   que el cachaco Napoleón Guerrero, dueño de varias fincas y de muchas mansiones, se internó en ¨ La Cimarronera ¨,   y estuvo a punto de morir. Pero nunca de los Dinosaurios que existieron en La Grita y sus alrededores, de los cuales venimos a enterarnos ahora, gracias a don Germán, que Dios guarde. El   Hermano Nectario María había sorprendido a los científicos venezolanos y de otras partes del mundo,   con su Megaterio larense, que armó como un rompecabezas y exhibió en un salón inmenso del...

Payaso

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¡Payaso! Le gritábamos ¡payaso! Y él corría como un perro asustado. Los muchachos del pueblo íbamos a estudiar en la escuela ¨Padre Maya¨. El director, Manuel Felipe Peralta, nos llevaba por las noches a la plaza del calvario. Una hoguera en el centro. En el cielo, las osas mayores y menores y las siete cabrillas.   Payaso no asistía. Sentía miedo. No sabíamos por qué.     Los padres de payaso se llamaban la ¨Humildad¨ y el ¨León¨. Ella de flaca estampa, pelo largo y ojos duros. Él de porte atlético, brazos de gladiador, cuello de toro. Pero la batuta descansaba en la Humildad. León obedecía, como un cordero, a todo decía sí,   nunca levantaba la voz. De los hijos -una niña pelirroja y payasito- se diría que no eran hijos sino soldaditos de plomo.     Vivían a un lado del camino, entre el pueblo y la finca panelera de don José Galeazzi, en una pesebrera de dos cuartos y un solar de gallinas. Vestían pulcros. A las 8 de la noche, la oraci...

SANTA TERESA DE JESÚS VIVIÓ EN LA GRITA

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De los siete días de la semana, el sábado era el de la devoción. Las familias gritenses aprontaban lo poco que tenían para regalárselo a los pobres. Dar al hambriento… Dar al sediento… Amar al prójimo… Un desfile de pobres recorría las calles y veredas de la ciudad, con el saquito al hombro y las manos estiradas.   Nadie se quedaba sin el algo de lo poco que   las familias podían darle. Hasta los pobres daban lo que a duras penas tenían. Había compasión. Había solidaridad.   Doña Teresa Torres de Leal decía que sin amor no puede haber felicidad. En La Grita se la adoraba como a reina. Vivía a una cuadra del Calvario, en casa grande, colonial, con patio, adoratorio, salas grandes, cocina, solar, caballeriza, y huerto de lechugas, tomates, remolachas y árboles frutales.    Era la esposa del General Leal, un hombrazo coriano, fornido y catirrucio, que fungía de jefe de la Cuarta Brigada del Ejército, y además,   hijo político   del General ...

Catafilo Solía Venir por Navidad

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  _Comadre, mande a bautizar el muchachito que se le va a morirr judío. Ningún niño en el pueblo podía quedarse sin bautizo. Podía terminar en el Limbo, algo como una esfera cerrada de la que jamás podría salir. Peor aún,   sucederle   lo que a los hijos de Israel, que por ofender a Jesucristo y burlarse de su dolor, fueron condenados por Dios a eterna pena, y a vagar por el mundo, sin destino ni refugio posible. Pero, ¿quién era en realidad el judío errante? Unos hablan   de Catafito –o Catáfilo- policía que cuidaba a Poncio Pilatos. Otros,   de Ausero,   zapatero remendón, extremadamente sectario como los políticos de ahora. Otros, de Samir o Samar, cicatero y ladrón, que fundió el   becerro de oro en tiempos de Moisés y, no contento, creó bancos y manejó a su antojo el dinero de los demás. En lo que sí existe unanimidad es en el conjuro o la pena   que Dios le aplicó: ¨andarás por la tierra hasta el fin de los tiempos y nunca mor...